Mi crítica a la versión fílmica de “Toc Toc”

Escrita por el dramaturgo de origen francés Laurent Baffie, Toc Toc fue estrenada en el año 2005 en el Teatro de Palais-Royal de París. Desde entonces ha gozado de una gran fama a nivel mundial, con representaciones en España, México y también en la Argentina. En nuestro país Toc Toc es sin dudas un éxito descomunal: tal como cuentan en este link, ya son nueve las temporadas, más de 2500 funciones realizadas, y más de 9000 espectadores. Un verdadero boom.

Creo que nunca fui a ver Toc Toc precisamente por su éxito. Es algo que suele ocurrirme: cuando una obra de teatro, una serie, una canción, etcétera, se vuelve muy popular, suelo alejarme. Pero este fin de semana, que llovió a cántaros, encontré la versión de Toc Toc en Netflix y caí en la tentación. Según podemos ver aquí, el film fue estrenado de 2017 y en el reparto aparece el actor argentino Oscar Martínez.

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Para desprevenidos, Toc Toc cuenta un día en la vida de seis personas que padecen algún tipo de trastorno obsesivo compulsivo, un trastorno al que se conoce, precisamente por sus siglas, TOC. Estos seis pacientes aguardan que llegue un afamado especialista en una sala de espera, y es allí donde se conocen sus particularidades, obsesiones y sus avances hacia una posible mitigación de sus padecimientos. Hay un muchacho que no puede pisar ninguna junta y que se angustia por la presencia de líneas en los ambientes (algo que vimos en otra película, Mejor Imposible; les dejo aquí un video); una muchacha que se siente obligada a repetir cada una de las palabras que salen de su boca; una mujer con obsesiones como revisar si ha cerrado la llave de gas o si las llaves están efectivamente en su cartera (esto puede ser un clásico para algunos); un taxista que acumula objetos en su casa y que no puede dejar de realizar cuentas matemáticas; una mujer obsesionada por la higiene y que no dudaría en someter a su ropa a diario a tratamientos como este (http://ellucero.com.ar/esterilizacion-ropa) en vez de hacerlo al modo clásico; y un hombre que involuntariamente suelta insultos, incapaz de reprimirlos.

Repito: no he visto ninguna representación teatral y sí esta versión fílmica. Y aquí mi punto de vista: creo que las actuaciones son exageradas, que los actores caen en la falla de la sobreactuación. ¿Serán falencias propias del argumento y las indicaciones de guión? En muchos casos esto es evidente: muchas de estas personas obsesivas son retratadas como tontos, o vestidas ridículamente. Considero que el TOC trasciende estas condiciones. En todo caso, hay una excepción: el argentino Oscar Martínez sale airoso de estas exigencias, en muchos casos ridículas.

Por ejemplo, la mujer que tiene una obsesión por la limpieza extrema demuestra increíbles falencias. Según me dicen desde un lavadero industrial amigo, El Lucero, las escenas en laboratorio (esta mujer no sólo tiene un TOC con la higiene, sino que trabaja en un laboratorio médico o de investigación, tal como vemos en la película) presentan una serie de fallas, que un ojo entendido advierte. Y algo similar ocurre con el hombre que no deja de hacer cuentas en su mente: ¿Por qué lo muestran como un pervertido, si finalmente pareciera que, al recuperar su relación matrimonial, no hay nada pervertido en él?

Me planteo el desafío de romper algunas barreras en mis costumbres e ir a una sala de teatro para ver la versión en las tablas de esta célebre obra nacida en la dramaturgia. Quizá allí no sean tan sobreactuadas las obsesiones y se retrate a estos personajes como personas que sí, tienen un padecimiento, pero no son estúpidos.