No me gustan los intermediarios: Cómo comprar productos directamente a los fabricantes

Siempre he creído que los intermediarios arruinan el mundo, aunque en el mercado actual es de veras complicado apartarse de ellos. Si quiero un paquete de harina lo compro en el supermercado, si preciso comprar un departamento debo pasar usualmente por una inmobiliaria, y si preciso una nueva corbata debo ir a esos pequeños negocios del centro que venden ropa para hombre. Por caso, en este último ejemplo la corbata suele ser fabricada en China, pasa por un importador que la trae al país, la ofrece a vendedores mayoristas, estos a minoristas y éste último a mí. Los intermediaros son en algún sentido necesarios (en muchos casos imprescindibles), ¡pero cuánto más barata sería la corbata si yo pudiera comprarla directamente al fabricante chino!

Hace algunos días necesitaba comprar un juego de mesa y sillas para mi jardín, y me propuse poner en práctica mi preferencia por los fabricantes; eludir, dentro de lo posible, a cualquier intermediario. Hay que decir que el avance digital es un buen aliado para tipos como yo: puse en Google “fabricantes de muebles de aluminio” y caí en Hierro Estilo (https://www.hierroestilo.com.ar/) un fabricante del rubro que vende por Internet y que también tiene un local en Tigre, en la tradicional arteria de los muebleros en aquella ciudad, la calle Italia.

Tal como se explica en esta entrada, los bienes usualmente llegan a manos de los consumidores luego de una cadena de distribuidores y minoristas. Como sabemos (o al menos podemos imaginar), desde la fábrica hasta llegar al consumidor, el precio del producto crece en cada nuevo nivel de intermediación. Es natural: cada uno de los eslabones de la cadena necesita obtener ganancias con su actividad. ¿Es realmente natural esto? Sin dudas, es parte de una lógica que no termina por ser beneficiosa, ni siquiera para estos intermediarios que  deben reinvertir sus ganancias en la compra de productos que también sufren los aumentos que derivan de esta red.

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Una buena solución es optar por la modalidad “directo de fábrica”, tal como hice con los muebles de aluminio que compre para mi jardín al fabricante con sede en Tigre. Y hay que decir que al optar por esta modalidad, los fabricantes también obtienen su rédito: incluso pueden vender productos al por menor a un precio superior al que entregan los productos a los distribuidores y otros intermediarios.

Naturalmente, no siempre es sencillo dar con el fabricante. Pero como decía antes, actualmente contamos con muchas herramientas para dar con esta información: ¡Google! En muchos casos hay que tener en cuenta que los fabricantes prefieren vender por Internet y que incluso hay casos que no disponen de locales de atención al público, con lo cual optar por los canales en línea. Una vez que comprobamos la calidad del producto, podemos confiar plenamente en comprar a fabricantes en tiendas virtuales. Ahora bien, si además de un sitio web disponen de un sitio en el cual puedas ver los productos, pues es siempre recomendable verlos y tocarlos antes de la compra. Además, en ocasiones los fabricantes cuentan con productos discontinuos que desean despachar sin demoras, ofreciendo precios muy jugosos a los consumidores.

No me gustan los intermediarios, lo he dicho. Lo repito: yo creo que un mundo sin intermediarios sería un mundo mejor.